📖 Reflexión literaria sobre el sentido de la vida, el equilibrio interior y la urgencia del presente
En determinados momentos de la vida, especialmente cuando un ciclo parece cerrarse, surge una necesidad silenciosa pero poderosa: detenernos.
Detener el ruido. Detener la prisa. Detener la inercia de vivir en automático.
El Dr. José Gregorio Figueroa, acostumbrado al análisis racional de los ámbitos económico, financiero y gerencial, nos invita en esta reflexión a un ejercicio distinto: mirar hacia adentro y preguntarnos por nuestro verdadero tiempo de vivir.
La vida es, quizás, el don más complejo y valioso que poseemos. Sin embargo, en una sociedad dominada por la productividad, las distracciones constantes y la urgencia artificial, solemos olvidar la profundidad de un hecho esencial: estamos aquí por un tiempo limitado.
¿Qué valor le damos a ese tiempo? ¿Lo habitamos con conciencia o simplemente lo consumimos?
⏰ El valor del presente: Habitar el ahora
La conciencia de nuestra finitud no debería paralizarnos; al contrario, es lo que otorga sentido y urgencia a la existencia. Cada día vivido es irrepetible.
El filósofo Jean-Paul Sartre afirmaba que el ser humano está “condenado a ser libre”. No podemos escapar de la responsabilidad de elegir. Cada decisión —y cada renuncia— moldea lo que somos.
Desde esta mirada, la vida no se define por lo que deseamos ser, sino por lo que hacemos con el tiempo que tenemos. Vivir es un acto consciente, no una espera pasiva.
La poesía, por su parte, nos recuerda que la plenitud no suele llegar con grandes acontecimientos. La tradición lírica —presente en voces como Pablo Neruda— insiste en que la vida sucede en los instantes simples: en lo cotidiano, en lo humano, en lo imperfecto.
El equilibrio no se alcanza persiguiendo un futuro idealizado, sino aprendiendo a estar presentes en el ahora.
🩶 Propósito, dolor y autenticidad
Vivir en equilibrio no significa evitar el sufrimiento. Significa integrarlo con sentido.
Viktor Frankl, en El hombre en busca de sentido, nos enseñó que incluso en las circunstancias más adversas, la vida conserva su valor si encontramos un propósito o, al menos, una actitud digna frente a lo inevitable.
El ser humano puede perderlo todo, excepto una libertad esencial: Elegir cómo responder a lo que le sucede.
León Tolstói, en La muerte de Iván Ilich, nos confronta con una verdad incómoda. Solo al final de su vida, el protagonista comprende que vivió conforme a expectativas ajenas, alejándose de su verdad interior.
Esta obra es una advertencia serena pero firme: el tiempo de vivir con autenticidad es ahora. No cuando todo esté resuelto, no cuando sea “el momento adecuado”, sino mientras aún podemos elegir.
🌱 Conclusión: Vivir en equilibrio es un acto consciente
La literatura, como espejo de la condición humana, nos conduce a una certeza profunda: La vida no es valiosa por su duración, sino por su significado.
Vivir en equilibrio implica comprometernos con nuestra propia existencia. Escuchar lo que sentimos, revisar nuestras prioridades, soltar máscaras y aceptar nuestra fragilidad.
No se trata de hacerlo todo, sino de vivir lo esencial. Amar con presencia, actuar con coherencia y encontrar un propósito que nos reconcilie con nosotros mismos.
Porque al final, lo más doloroso no es que la vida termine, sino descubrir que nunca nos permitimos habitarla plenamente.

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